El 11M contado por una madrileña

Era Jueves a las 9 de la mañana. Quizas eran las 8, han pasado tantos años que casi ni lo recuerdo. Casi, porque hay momentos que se quedaran grabados en mi memoria hasta el dia que respire mi ultimo suspiro.

Como iba diciendo, era Jueves y yo tenia 10 años. Como cada dia de Lunes a Viernes, mi madre me llevaria a casa de mis abuelos de camino al trabajo, y luego consecuentemente mi abuela me llevaria al colegio a las 10. Virgen de Atocha se llamaba, que recuerdos tan bonitos entre sus edificios – por entonces- grisaceos, y su torre que rascaba el cielo de Madrid, un cielo despejado despues de los meses mas oscuros del invierno.

Ademas como todos los Martes y Jueves, me tocaba comprarme nuevos tazos! Sin duda eran mis dias favoritos de la semana.

Aun recuerdo levantarme e ir a la habitacion de mis padres donde mi madre me esperaba cada dia para nuestra competicion a ver quien conseguia vestirse antes – ahora que lo pienso creo que era una tecnica para que me vistiese rapido, pero aun asi disfrutaba de nuestra rutina mañanera.

Sin embargo ese dia entre en su habitacion y no estaba rebuscando en su armario la ropa que ponerse, sino que estaba en frente de la television, con los ojos como platos, sin mover un solo musculo. Imagino que mi primera pregunta fue algo del estilo “Que ha pasado mama?”, no recuerdo exactamente lo que  yo dije, pero se que sus palabras exactas fueron “ha habido una explosion en Atocha”. Atocha, a no mas de 5 minutos andando de mi casa, Atocha, la estacion que veia desde las ventanas de mi clase cuando me ponia a soñar despierta, Atocha, la estacion que mis compañeros de colegio frecuentaban.

Todavia no sabiamos que habia pasado, no sabiamos si habia sido un accidente o un ataque terrorista. Y desde luego no teniamos ni la menor idea de que habia habido dos trenes mas, y casi 200 personas fallecidas.

Como todavia no teniamos la menor idea de todo esto que estaba pasando en esta mañana de Marzo, e imagino que mi madre no queria asustar a su hija de 10 años, me llevo a casa de mis abuelos como siempre y se fue a trabajar. Imagino que alli veria Arthur mientras desayunaba mis ‘sobaos’ con Cola Cao y mi vaso de agua con vitamina C porque ya sabemos como son las abuelas (si estas leyendo esto, te quiero abuelita).

A estas alturas ya estaba por todas partes, todos los canales, nadie entendia nada de lo que estaba pasando, nadie entendia nada. Teniamos mas preguntas que respuestas. Todavia recuerdo a mi abuela llamando a todos sus hijos, recibiendo una llamada tras otra de familiares o conocidos que querian asegurarse de que estaban sanos y salvos.

Mi padre estaba bien gracias a Dios, mis familiares estaban todos a salvo. Todavia no sabiamos nada de mi tio Jose Maria, el que mas nos preocupaba porque cogia el tren cada mañana. Pronto tuvimos noticias de el tambien.

Llego la hora de ir de camino al colegio. Lo recuerdo como si fuera ayer. De la mano de mi abuela, todavia sin entender que habia pasado, sin tener ni idea de que este dia marcaria un antes y un despues en la historia del España. Recuerdo andar por Avenida de la Reina Cristina cuando el suelo retumbo y escuchamos un terrible “BOOM“. La gente empezo a gritar, yo no pude contener las lagrimas de miedo que tenia. Mi abuela me agarro de la mano y me dijo “nos volvemos a casa”.

Mientras tanto mi hermano y mi hermana, ambos mayores que yo, ya estaban en el colegio donde les tenian a todos en cuarentena, agrupados en medio del patio del colegio y lejos de cualquier ventana o cristal. Sin embargo habia muchos alumnos que estaban en esos trenes. A los demas alumnos que estaban en el colegio, se los llevaron en un grupo hacia el Parque del Retiro donde podrian ser recogidos por sus padres.

Mi madre por otro lado tambien estaba en cuarentena. Trabajaba por entonces en el Gobierno Militar, a cinco minutos de la estacion de Atocha, y no dejaban salir ni entrar a nadie. Estaban muy alerta al tratarse de un edificio militar. Mis dos hermanos, de camino al retiro la saludaron desde la ventana de su oficina que daba a la calle. No me quiero ni imaginar como se debia sentir ella al ver que sus dos hijos estaban en la calle y ella tenia prohibido moverse del sitio.

Me entran escalofrios solo de pensarlo.

Recuerdo las noticias, recuerdo los hospitales de campaña que abrieron por todo el barrio, todos los vecinos intentando echar una mano, personas esperando a escuchar noticias de sus seres queridos, rezando, pidiendole al cielo que estuviesen sanos y salvos.

Han pasado 12 años, pero me acuerdo como si fuera ayer, como si hubiese pasado esta misma mañana. Han pasado 12 años,  y todavia seguimos sin respuestas. Casi 200 victimas, sin contar aquellas que tuvieron lesiones graves pero se recuperaron, aquellas que quedaron traumatizadas y lo siguen hasta el dia de hoy, personas que llevan años en psicologos intentando olvidar los gritos de dolor de la gente a su alrededor, los ruidos de los explosivos. Por todas las madres,  los padres, hijos, hijas, tios, tias, amigos, conocidos, que nunca recibieron esa esperada llamada de sus seres queridos.

Porque todos ibamos en esos trenes.

 

Perdonar la ausencia de acentos, escribo desde un ordenador con teclado Americano.

 

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2 thoughts on “El 11M contado por una madrileña

  1. Janire Rojo says:

    La verdad es que te entiendo perfectamente.
    Aquella mañana me despertó el sonido de la bomba de Santa Eugenia, que es donde vivo. Mi madre se tenía que ir a trabajar a pesar de todo el revuelo que había en mi barrio (policías pidiendo documentación al entrar en los garajes, al salir del barrio…) y yo me quedé en casa de una vecina, que era la que normalmente me llevaba al cole junto con su hijo, viendo la tele y con el telefono de mi casa (vivimos en frente y la señal del teléfono todavía llega) por si llamaban familiares contestarles y decirles que estábamos a salvo.
    Mi hermana cogía ese tren, o al menos la mayoría de las veces para ir a la universidad, pero ese día quiso el destino que no lo cogiera. Mucha gente de mi barrio iba en esos trenes, gente que conocía y que ya no he vuelto a ver, y personas que a día de hoy todavía recuerdan ese día como uno de los más tristes de su vida.
    Ese día no fui al cole, pero lo hubiera deseado como cualquier otro jueves.

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