Medio año después del “Si, Quiero”

Hace unos pocos dias Jordan y yo celebramos nuestro medio año de casados. Sé que no es una barbaridad de tiempo, y que hay parejas -mis padres, por ejemplo – que llevan mas de un cuarto de siglo con un anillo en sus dedos.

Aun así, queria escribir para contaros un poco como han ido estos seis meses, la convivencia en pareja, y lo que he aprendido día a día. Así que sin mas dilación, allá vamos.

Al principio, los dias después de haber dicho el “Si, quiero” todo el mundo me preguntaba que como me sentía, que si me sentía diferente al estar casada. Yo decía lo que pensé que querían escuchar, porque un simple – me siento igual – me parecía demasiado cutre, como si no alcanzase las expectativas de lo que se esperaba. Pero la verdad es que me sentía igual, emocionada por saber que Jordan quería pasar el resto de su vida conmigo tanto como yo la quería pasar con él. Feliz de que todo hubiese salido bien (bueno, casi todo). Emocionada, pero a la vez triste, de cambiarme el apellido y pasar a ser una Frenkel (pronunciado Fren-col). Pero la verdad que no me sentía diferente, no como la gente se esperaba que me sintiera. No sabia si era algo normal, o era yo que tenia horchata en las venas, pero en lugar de forzar la situación, y de obligarme a sentirme de una manera o de otra, me dejé llevar. Yo sabía lo que quería, sabia a QUIEN quería, y con eso me valía. Pero una parte de mi se preguntaba, por qué narices no me siento distinta? Por qué todo el mundo me pregunta lo mismo? Me debería sentir renovada?

Y ahora, seis meses después, sé la respuesta. No me sentía diferente porque para mi, era como si hubiésemos estado casados desde el momento en que decidimos empezar esta aventura juntos, desde que decidimos entregarnos mutuamente nuestra confianza y nuestro corazón, sabiendo que la otra persona lo cuidaría con todo su cariño. Yo, desde el principio sabia, no me pregunteis como, pero SABIA que Jordan era la persona con la que quería pasar el resto de mis días. Mi corazón estaba casado antes de que mi boca dijese “Si, quiero”.

La respuesta a esas preguntas no es lo único que he aprendido a lo largo de estos seis meses. He aprendido que el matrimonio significa que ya no somos él y yo, que somos nosotros, y las decisiones importantes se tienen que tomar como tal. Que somos como un equipo, los dos tenemos que dar nuestro máximo esfuerzo para poder avanzar y crecer. Que la cabezoneria hay que dejarla atrás (en esto todavía estoy trabajando, no os voy a engañar), y que la palabra egoísmo desaparece de tu vocabulario.

El matrimonio no es todo coser y cantar, es trabajo, es esfuerzo, son las ganas. Tienes que querer que funcionar, trabajar para que funcione, esforzarte, y sobretodo y ante todo ponerle todas las ganas que tu cuerpo y mente te permitan. Saber que no todo va a ser sonrisas, que no todo van a ser rosas y café por la mañana cuando te despiertas, ni mensajes por la noche diciéndote lo mucho que te quiere y le importas. Que ya no vale eso de enfadarse e irse a dormir hasta que se te pase, que las cosas hay que hablarlas y los problemas solucionarlos. Que la comunicación es la clave de toda relación, y la base de todo matrimonio.

Sé que todavia me quedan millones de cosas por aprender, pero lo que sé seguro es que las quiero aprender junto a Jordan, y eso lo único que cuenta.

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