Ansiedad, mi experiencia | No estás solo/a

Hoy en día todo se mueve rápido. Se espera de nosotros que contestemos a un mensaje de texto en menos de 5 minutos, que le demos a “me gusta” a una foto del Facebook o un estado en menos de una hora, que crezcamos sin haber tenido tiempo a saborear la niñez.

Con las nuevas tecnologías la información nos llega a todas horas, las redes sociales nos atacan con nueva información, nuevas noticias, nuevos anuncios cada hora, cada minuto, cada segundo. No tenemos tiempo a pensar, a reaccionar. Nos escribe nuestra pareja al móvil y si tardamos más de unos minutos en contestar es que algo va mal, si tardamos horas es que la relación se va a pique.

El mundo va rápido, se mueve a toda prisa, y nuestra mente no tiene la capacidad de asimilar todos los cambios que se le avecinan. Y entonces nos ponemos nerviosos, porque no podemos controlar la situación, porque parece que se nos va de las manos. Porque la sociedad nos obliga a estar siempre atentos, a que no se nos escape nada, a vivir conectados unos a otros. A no saber quienes somos. A perder el sentido de ser uno mismo, de tranquilidad, de paz.

Cuando volví a Madrid hace ya un año (cómo pasa el tiempo!) al principio todo iba genial. Por fin me volvía a reunir con mis amigas, amigos, familiares. Todo iba bien, qué narices, todo iba genial. A pesar de estar en una relación a distancia, de tener que acostumbrarme a mi nueva/vieja vida, todo iba viento en popa. Pronto iría a una nueva universidad, conocería a nuevos amigos, con suerte encontraría un nuevo trabajo. Quién me diría a mi que todo ello que esperaba conseguir al final se volvió azul oscuro – porque nunca llegó a ser negro.

De pronto me empecé a agobiar con todo. La universidad. El trabajo. Ahorrar para poder ver a Jordan en Navidades. Apañarmelas para conseguir una beca a la que se presentaban más de 700 personas. Mantener el contacto con mis amigos americanos. Hacer tiempo para mis amigos españoles. Hacer tiempo para mis nuevos amigos. Hacer tiempo para mi novio. Estudiar. Ver a mi familia. 24 horas no eran suficiente, 7 días a la semana se me quedaban cortos. Y a la vez los meses parecían años, y Diciembre parecía no llegar nunca.

Empecé a sentirme agobiada, ¿cómo no me iba a sentir así? Empecé a quedar menos, a dejar de prestar atención en clase, a intentar ponerle freno a algo que parecía que se me había ido de las manos a toda velocidad. Cada día era peor, dormía mal, tenía pesadillas, palpitaciones, no me quería dormir, pero tampoco me quería despertar. Lo único que quería era llorar y esperar a una llamada por Skype.

Me lo guardé todo para mi misma, al fin y al cabo pensé que era algo temporal que se pasaría con el tiempo. Pero como suele pasar, estaba equivocada. El hecho de no hablar del tema con nadie, de pensar que lo que me estaba pasando era algo fuera de lo normal, que estaba “loca”, que la gente no lo iba a entender, todo hizo que fuera a más y peor. Hasta que un día, decidí contarselo a mis padres. Por fin!

A partir de ahí todo fue a mejor, el hecho de hablarlo, de ir al médico, de saber que es algo normal, que se cura, que no estoy sola. Que nunca he estado sola.

Y pensareis, ¿a qué viene todo esto? ¿por qué os cuento todo esto ahora? Porque si algo he aprendido en este año que he vivido codo a codo con la ansiedad, que ha formado parte de mi día a día, es que es algo común, especialmente con gente de nuestra edad. Se espera tanto de nosotros, cuando ni nosotros sabemos que queremos. Tener un problema de ansiedad no es algo que se cure con una “tacita de té”, o con un simple “respira profundo y se te pasa” (aunque a veces ayuda), es un tema que se tiene que tratar, que tiene que dejar de ser tabú. Tenemos que hablar más de ello, porque cada vez afecta a más personas, cada vez más jóvenes, cada vez más indefensas y malinformadas.

La ansiedad puede aparecer de mil formas diferentes, pero si empiezas a notar que parece que el mundo se te va de las manos, que ya no manejas las riendas de tu vida, para. Para por un segundo. Habla con alguien, un amigo, un familiar, un experto. No dejes que tu mente te gane la batalla y te diga que no puedes hacer algo, porque puedes. Quizás te lleve más tiempo, quizás tengas que parar constantemente y recordarte a ti mismo que tú y solo tú tienes el poder de cambiar tu futuro y la dirección de tu vida. Quizás tengas que tomar medicina para calmarte. Quizás tengas que encontrar algo, un libro, un nuevo CD, una nueva afición que te haga olvidar todos tus problemas. Quizás necesitas pasar tiempo contigo mismo, escribir tus pensamientos, escribir tus dudas.

Pero no estás solo/a. Ahí fuera hay miles de personas que están luchando internamente contra sus propias batallas. La mayoría de nosotros simplemente hemos aprendido a convivir con nuestros problemas. Nadie es perfecto.  No digas, ojalá fuese otra persona. Porque tú eres tú, y tú puedes con todo.

Marta ❤

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2 thoughts on “Ansiedad, mi experiencia | No estás solo/a

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